viernes, 27 de abril de 2012
Mientras tanto...
Mañana gris en San Francisco. Bóveda encapotada, triste. Silencio sepulcral en aquel tumulto. Sonrisas vacías, huecas, buscando una ilusión a la que aferrarse.
Pero... era tan lúgubre el día como sus almas.
Ni una razón para sonreir. Tampoco motivo alguno para llorar.
El único camino; andar, salir corriendo, romper las cadenas internas y así volar tan alto como el sol, hacer del cielo una suave manta, rasgar sus tonos grises, llenarlo de luz.
Mientras tanto.. mañana gris en San Francisco. Bóveda encapotada, triste. Silencio sepulcral en alque tumulto.
viernes, 9 de marzo de 2012
Mi alma está en huelga.
La humanidad entera es una escila gigante con tentáculos sibilinos que encarnan sus más bajos instintos. Odio, rencor, temor, pero también amor, pasiones e incertidumbre. Son como lastres de dimensiones desproporcionadas con las que cargamos día a día. Siendo necesario, tal vez no cortar la cabeza de nuestra particular "Medusa", sino simplemente asumir que el peso nos destruye la espalda cada vez más, comprender que, del mismo modo que un brazo o una pierna, nuestras emociones son parte de nosotros mismos.
Así pues, habiéndonos deshecho del hasta entonces insalvable muro que suponen estos tentáculos, brilla con fuerza acaparando el firmamento de manera colosal, una hermosa figura humana. Desnuda, carente de artificios, seductora y pura al mismo tiempo. Un ser imperfecto, que del mismo modo que una ostra, pule lo mejor que contiene para dar lugar a la más bella de todas las perlas.
Hoy, mi alma está en huelga. Se niega en rotundo a continuar bajo mis órdenes, y haciendo una sentada protesta por lo mal que, en ocasiones, me comporto con ella, ha sacado sus pancartas. Como consecuencia, el tentáculo de la desolación, la incertidumbre, ha mordido con sus feroces fauces el sinuoso cuerpo de la tranquilidad. Ambos, enzarzados en una incesable lucha, se empeñan en dejarme huérfana de sentimientos, devorando al paso mi corazón.
Mientras tanto, las sirenas cantan con sus dulces voces, melodías sensuales que alientan el espíritu. Pero no es más que eso, una sinfonía compuesta por seres que no se dejan ver. Obra de todos, obra de nadie. Sirenas que, al no ser escuchadas, vagan por las profundidades del mar en busca de otro prófugo corazón.Construyen con sus mentes castillos en el aire, engatusan a jóvenes inexpertos que, buscando un poco de amor prestado, encuentran la misma muerte como único lecho. Capitanes de barcos perdidos, rumbo a la nada, con el naufragio como único destino. Hermosos rostros femeninos que surgen del mar, como frutos prohibidos que saciarán su sed... pero lejos de hacerlo, llenan las bocas de aquellos que las contemplan, con la saliva de la angustia.
Tú eres mi sirena, me cantas al oído melodías cifradas que sólo tú puedes comprender. Juegas a tu antojo con mis emociones, y mis ojos verdes como el mar cuando se funde con el cielo, piden clemencia una vez más.
Temo que me arrastres a la muerte, a la miseria, a ser de nuevo un ser sin rumbo en un barco hecho con sueños rotos. Y me aferro a la roca más cercana para contemplar la estampa.
Al tiempo, la encarnizada lucha cuerpo a cuerpo entre mis dos tentáculos, desencadena maremotos que, con sus agitadas olas, te conducen hasta tierra firme. Allí, tal vez marchita, sirena mía, seques tus escamas al sol. Y quizás mañana seas polvo esparcido por el mar.
Sí, polvo... sólo eso.
Así pues, habiéndonos deshecho del hasta entonces insalvable muro que suponen estos tentáculos, brilla con fuerza acaparando el firmamento de manera colosal, una hermosa figura humana. Desnuda, carente de artificios, seductora y pura al mismo tiempo. Un ser imperfecto, que del mismo modo que una ostra, pule lo mejor que contiene para dar lugar a la más bella de todas las perlas.
Hoy, mi alma está en huelga. Se niega en rotundo a continuar bajo mis órdenes, y haciendo una sentada protesta por lo mal que, en ocasiones, me comporto con ella, ha sacado sus pancartas. Como consecuencia, el tentáculo de la desolación, la incertidumbre, ha mordido con sus feroces fauces el sinuoso cuerpo de la tranquilidad. Ambos, enzarzados en una incesable lucha, se empeñan en dejarme huérfana de sentimientos, devorando al paso mi corazón.
Mientras tanto, las sirenas cantan con sus dulces voces, melodías sensuales que alientan el espíritu. Pero no es más que eso, una sinfonía compuesta por seres que no se dejan ver. Obra de todos, obra de nadie. Sirenas que, al no ser escuchadas, vagan por las profundidades del mar en busca de otro prófugo corazón.Construyen con sus mentes castillos en el aire, engatusan a jóvenes inexpertos que, buscando un poco de amor prestado, encuentran la misma muerte como único lecho. Capitanes de barcos perdidos, rumbo a la nada, con el naufragio como único destino. Hermosos rostros femeninos que surgen del mar, como frutos prohibidos que saciarán su sed... pero lejos de hacerlo, llenan las bocas de aquellos que las contemplan, con la saliva de la angustia.
Tú eres mi sirena, me cantas al oído melodías cifradas que sólo tú puedes comprender. Juegas a tu antojo con mis emociones, y mis ojos verdes como el mar cuando se funde con el cielo, piden clemencia una vez más.
Temo que me arrastres a la muerte, a la miseria, a ser de nuevo un ser sin rumbo en un barco hecho con sueños rotos. Y me aferro a la roca más cercana para contemplar la estampa.
Al tiempo, la encarnizada lucha cuerpo a cuerpo entre mis dos tentáculos, desencadena maremotos que, con sus agitadas olas, te conducen hasta tierra firme. Allí, tal vez marchita, sirena mía, seques tus escamas al sol. Y quizás mañana seas polvo esparcido por el mar.
Sí, polvo... sólo eso.
sábado, 21 de enero de 2012
Tiempo robado.

Se apagaron las luces de este amanecer. No hay aurora boreal. Y tras el cristal empañado sólo hay lluvia empapando la distancia.
Me pregunto si allí, tan lejos de mi cama, sientes el calor de los besos que tiro al aire.
La dichosa aguja del reloj me roba mi tiempo. Tiempo para pensar, para respirar, tomar aliento y seguir en esta carrera tan inhumana que seca cada ápice de mi ser.
Tus silencios siempre han destrozado mi alma. Dejándola tan vacía como un papel en blanco en el que nadie quiere escribir. Estás ahí sentado, mirándome a los ojos, llenando este misterio con palabras huecas que retumban en mi mente sin cesar.
De tus labios se escurre alguna frase bonita, acompañada siempre de una sonrisa socarrona tapada por esa tristeza tan honda que empaña tu ser.
Me gustaría ser aire por un instante, que pudieras respirarme, clavarme en tus entrañas y escribir en el vapor de tus pensamientos un “tengo todo el tiempo del mundo para entender lo que sientes.”
En cambio, mi corazón, hecho una maraña de emociones, rueda por el sofá procurando no hacer ruido. Y se marcha tan lejos como puede, aunque en ocasiones no sea mucho más allá de tu mirada.
lunes, 19 de diciembre de 2011
Sobre las bienvenidas.

Aviones que aterrizan, luces que señalan el camino a seguir. Maletas. Felicidad.
Se abrió paso entre la gente, y aceleradamente, tras zafarse de la puerta, descubrió sus impacientes rostros. Le estaban esperando.
Habían pasado tantos meses desde que se marchó, que aquella tierra le parecía extraña a la par que súmamente familiar. El calor hogareño que se fundió con ese primer abrazo, no tardó ni un segundo en conquistar su corazón.
-Os he echado tanto de menos...-Pensó. Y se sorprendió a sí mismo cuando comprendió lo difícil que se le haría volver a marcharse semanas más tarde.
Las sonrisas que se habían dibujado en sus caras, ocupaban más espacio que los aeroplanos cargados de ilusiones. Blancas como la escarcha, llenas de luz como el mismo sol.
Se agolparon en su cabeza tantas imágenes, historias maravillosas que querría expresar sin tomar aliento ni un solo segundo. En cambio se limitó a contemplar la estampa. Estaban allí. Con eso era más que suficiente.
Abrazado a su sonrisa no habría problemas. Nunca más sentiría soledad. Jamás le arroparía la oscuridad.
Y perdido en el sin fin de encuentros y despedidas, sofocó un mar de lágrimas que se aglomeró en su garganta a modo de pasión.
sábado, 10 de diciembre de 2011

Las hojas amontonadas cayeron sobre su pelo. Muerto el corazón desde hacía años, supo que aquello no era el fin. Los entresijos de un sendero un tanto macabro comenzaban a enloquecerle, y bajo su frívola imagen... algo de amor. Hablar con los oídos. Escuchar con los labios. Besar con las palabras, morir al fin, con cada encuentro. Cerrar los ojos, profanados con tanta inmundicia. Soñar que en algún momento, llegaría algo mejor. Sentir el pesado paso del tiempo sobre sus piernas. Dejarse llevar por la seductora caricia que le tentaba a elegir, en esta ocasión, el camino más fácil. Recular. Apretar el gatillo y apuntar lejos. Rechinar los dientes. Sonreir por puro temor.
El cíclico tiempo retornando sobre sus propios pasos una y otra vez. Imnortal y caduco al mismo tiempo. Fabuloso y trémulo. Carente de sentido, lleno de razón. Nubes esponjosas que juegan a ser alguien. Un cielo azul eléctrico que parece arropar al mundo. Y en cambio allí, un solo roble. Viejo, cascado, sangrando sabia por algunos de sus pliegues. Supurando lágrimas de desesperación.
Se sentía identificado con aquel árbol. Era el vivo reflejo de la misma muerte. El devenir de un hombre que apenas sabe mantenerse en pie durante tres segundos. Un pequeño e inseguro paso. Otro. Otro más. Y de nuevo al suelo. Levantarse ya era casi automático. Como un niño inestable que aprende a andar despacito, para poder tocarlo todo.
En este caso lo último en que pensaba él era en explorar. Su espíritu aventurero había fallecido mucho tiempo atrás, y había sido enterrado, junto con su último sueño, bajo aquel viejo roble.
El olor del frío invierno llegó de golpe a sus fosas nasales. Las envolvió. Y aquella desagradable sensación fue para siempre.
Tal vez tenía helado el corazón, marchita el alma. O quizás... amaba demasiado todo cuanto tenía; nada.
En cambio, no existía un enmarañado laberito, sólo sus pasos. No corría celéricamente el tiempo, sino en su mente. No había invierno, más allá de su nevada sién. No había motivos para odiar la realidad, tampoco para amarla. Sólo un reseco tronco, vacío de ilusiones. Y unos ojos perdidos buscando un ojalá.
viernes, 9 de diciembre de 2011
Jou, jou, jou.

Diciembre.
Bolas adornando un árbol de plástico, pequeños y rechonchos "Papá Noeles" colgados de los pomos de las puertas, luces de colores, papeles de regalo de mil colores y texturas... Sueños. Sueños que parecen posibles, un poco más cercanos, casi tangibles. Reencuentros, jerseys de lana, cafés calientes, sonrisas.
-Es cierto, en estas fechas la gente es un poco más amable.-Dijo ella.
-Quizás tengas razón, pero yo no me lo creo. La Navidad no existe, no es más que un puñado de papeles que envuelven lo de siempre: mierda, mierda, y más mierda. Además, tanta felicidad me abruma.-Replicó él.
-¡Venga ya! Ojalá compartieras conmigo esta sensación de alegría constante. Adoro el frío, los regalos, las luces, lo bonito que está todo cuando llueve, incluso cuando nieva.-Le reprochó ella. Y puso esa cara tan dulce, con los ojitos brillantes y el gesto torcido.
Parece una niña de 5 años. Pensó. Y mirándolo así... ya no parecía tan malo. Simplemente Navidad.
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